Los cinco fines del escultismo

Baden Powell no era un teórico. Si lanzó el escultismo, lo hizo como res­puesta a las necesidades de los chicos que veía vivir en la Inglaterra de principios del siglo XX, y para remediar las carencias que observaba en la sociedad:

  • Una escuela que da una formación intelectual y teórica, pero sin preocuparse lo suficiente por el desarrollo físico y, menos aún, por la formación del carácter.
  • Un egoísmo galopante, la pérdida del sentido del bien común y del espíritu cívico.
  • La decadencia de los valores morales, espirituales y religiosos.

Frente a esta situación, el escultismo contempla cinco fines:

  1. El desarrollo físico y la salud.
  2. La formación en el sentido de lo concreto.
  3. La formación del carácter.
  4. El desarrollo del espíritu de servicio.
  5. El sentido de Dios.

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Salud y Desarrollo Físico

La salud es el primero de los cinco fines del escultismo:

Sabemos que en la adolescencia, el muchacho conoce espectacula­res transformaciones interiores, no sólo físicas, sino también psicológi­cas. Estas transformaciones explican, en parte, el profundo malestar experimentado por el joven en relación a un cuerpo que no reconoce ya; unas veces desbordante de una vitalidad y de una energía, que puede llevarle a participar en competiciones deportivas de alto nivel, y otras con momentos de gran cansancio y debilidad que le lleva a pasar horas y horas embobado. Los hábitos de higiene y limpieza que parecían aprendidos, se olvidan o se cuestionan. La tentación de experimentar con lo prohibido (tabaco, alcohol, drogas) se intensifica por el contexto permisivo de la sociedad actual.

El escultismo, que se define y quiere ser método de educación global, toma en consideración todos los elementos de la persona, comenzando por su salud y su desarrollo físico: no se puede formar el espíritu y el corazón sin ocuparse del cuerpo. Los romanos ya lo habían comprendido, de ahí el dicho latino: “mens sana in corpore sano” (un espíritu sano en un cuerpo sano). Re­cordemos, como decía Pierre Geraod-Keraod, que “el hombre ama, piensa y reza con su cerebro, su corazón, sus glándulas y todos sus órganos”.

Teniendo así como primer fin el desarrollo de la salud, el escultismo tiene por objeto edificar los fundamentos de la persona, completa y equilibrada, en el deseo de contribuir en su construcción. El fin está hecho, parafraseando a Baden Powell, para “mostrar al muchacho el mejor medio de desarrollar su vigor y su salud, cuáles son los errores que evitar, y enseñarle que sólo él es responsable de su propia salud”.

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El Sentido de lo Concreto

Enmarcado dentro de los cinco fines del escultismo, el Sentido de lo Concreto cubre dos aspectos:

1. Quiere, en primer lugar, que los jóvenes tomen conciencia de la realidad de la vida. Hoy en día, la mayor parte de los jóvenes viven en zonas urbanas. Su entorno habitual es cada día más sofisticado y artifi­cial; todo está hecho para facilitarles la vida. En un universo de botones y “clics”, el muchacho vive como en un capullo esterilizado, insípido. Por tanto, no debe asombrar que busque huir hacia paraísos artificiales. Pero rápidamente se convierte en un prisionero, en un esclavo de las costum­bres cómodas y placenteras; incluso cuando se va de “camping”, llevando con ellos aquello que estiman indispensable para su vida: cama, frigorífico, radio o televisión.

Queremos permitir a los jóvenes sumergirse en la realidad de la vida; ser capaces de vivir con sus propios medios: saber montar una tienda, prote­gerse del viento, de la lluvia o del sol, encender un fuego con todas las ga­rantías de seguridad y prepararse la comida, con o sin gas, orientarse con las estrellas, caminar de noche sin linterna, etc. La naturaleza es escuela de vida. Sus lecciones son aprendidas y asimiladas con rapidez. El primer contacto con ella puede suponer un shock, pero rápidamente el muchacho se alegra de reencontrarse con sus reflejos, con sus instintos, con su ale­gría de vivir.

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La Formación del Carácter

Sin duda es uno de los cinco fines del escultismo más atractivo para los educadores:

La experiencia humana muestra que, si no se quiere ser una brizna de paja sacudida por las olas de la vida, sino, como decía B.P., ser capaz de conducir su propia canoa, hay que 

coger con firmeza el timón. Y esto exige carácter; esto es, coraje, determinación, energía, tenacidad, voluntad.

El escultismo llega a conseguir lo anterior tomando a los muchachos en serio, incluso si tienen doce años. Ponemos confianza en su honor y en la palabra dada; les confiamos responsabilidades reales, a la medida de sus competen­cias; les pedimos cuentas, etc. En definitiva, a través de las actividades en el campo, les pedimos que se esfuercen, que venzan las dificultades y los obstáculos de toda clase, que vayan hasta el límite de sus posibilidades, que se superen. El escultismo es escuela de valor, de coraje, de perseverancia. “Esforzarse repetidamente tonifica la inteligencia y da consistencia a la vo­luntad”.

Pero, aunque enseña el gusto por el esfuerzo, el escultismo no es escuela de sufrimiento. Debemos vigilar que los esfuerzos propuestos sean siempre progresivos, adaptados, no sólo a la voluntad del jefe, sino también a las posibilidades del chico, determinadas por su edad y su desarrollo. Estos es­fuerzos formarán parte de los juegos: el escultismo, aún siendo escuela de esfuerzo, es sobre todo una escuela alegre.

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El Sentido del Servicio

El escultismo quiere educar para servir, es uno de los cinco fines del escultismo.

Resulta sorprendente constatar el egoísmo del que somos capaces los hu­manos, y que tal vez sea mayor que en tiempos pasados, pues el progreso técnico hace menos necesarias las solidaridades entre las personas. Tampo­co debe sorprender que esto se manifieste también en los jóvenes. Desde lobatos, e incluso antes, podemos darnos cuenta de las primeras manifesta­ciones del instinto de consumo. En la adolescencia, el desarrollo del instinto sexual puede inducir a una sed de placer y disfrute peligrosa. Para millones de jóvenes hoy, sobre todo en las llamadas sociedades desarrolladas, triunfar en la vida se limita a poder satisfacer todos sus deseos.

Para nosotros, un hombre no se completa verdaderamente, no realiza ple­namente su vocación de hombre, si no se da, si no se entrega, en el sentido en el que lo expresa el mismo Cristo: “el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mi causa, la ganará”. El servicio a los demás es la expresión del amor. La vida de Cristo es el ejemplo que queremos presentar a los jóvenes.

Sabemos también que estos jóvenes, transfigurados por el amor, encontra­rán su propia felicidad y la harán extensiva a su alrededor. Baden Powell nos recordaba, en el último mensaje dirigido a los scouts algunos meses antes de morir: “Ahora bien, la verdadera forma de obtener felicidad es proporcionan­do felicidad a otras personas. Traten de dejar a este mundo un poco mejor de cómo lo encontraron, y así cuando les llegue el turno de morir, podrán morir felices, seguros de que en todo caso no han malgastado su tiempo, sino que han hecho lo mejor”.

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El Sentido de Dios

Es último (como finalidad) de los cinco fines del escultismo:

La palabra “sentido” tiene una doble significación: permite expresar el hecho de sentir, por un lado; y por otro puede indicar también una dirección. Educar el sentido de Dios implica estos dos aspectos.

  • El descubrimiento de Dios
  • El escultismo quiere ser una ocasión para que el muchacho descubra a Dios.

Por la vida en la naturaleza, en primer lugar: el adolescente es capaz de admirarse ante la belleza de los paisajes que irá descubriendo; son nume­rosos los lugares y momentos que conducen a la contemplación. Me acuerdo de esta promesa, en la nieve, en la cumbre el Aneto, al levantarse el sol… Veladas en noches cargada de estrellas.

La vida en la naturaleza permite descubrirla de verdad, descubriendo tam­bién a Dios en la obra de su creación. La belleza de la naturaleza es un signo del amor fácilmente perceptible por el muchacho.

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